Oscar Perez, moto, viaje y ¡500 gafas!
En moto se ve todo diferente. Si además eres óptico y ayudas a que los demás vean mejor… eres un afortunado que comparte su saber para hacer de este mundo un lugar más habitable. Y si es de forma altruista, entonces es cuando esta historia motociclista es pura magia.

En sus propias palabras: ¡Quién mejor que su autor para hablar de su libro! Lo que lo motiva y en primera persona. Sigue leyendo. Si te convence y quieres adquirir este libro… Regresa aquí… a su cubierta… y sabrás cómo y dónde hacerte con un ejemplar. Ahora que ya sabrás el porqué.

«Viajar en moto por la India es extremadamente peligroso para un occidental, ya me lo habían dicho antes varias veces y es cierto. Estoy a 4 horas de Manali, conduzco ahora por una carretera que está en buenas condiciones pero con mucho tráfico. Voy detrás de un humeante camión que va a unos 70 km/h, decido adelantar por la derecha (en India se circula por la izquierda). Cuando estoy a mitad del adelantamiento y el marcador a 90 km/h el camión comienza a girar bruscamente a la derecha, no ha mirado atrás y me empuja irremediablemente contra el otro carril, de frente me vienen un coche y dos motos. No puedo parar. No puedo salir de la carretera porque hay árboles».

Decido ir de frente…
«En medio segundo decido ir de frente y consigo pasar entre el coche y las dos motos que pegan un gran grito cuando me ven encima de ellas, a una creo que la he rozado con la maleta, iban 3 personas en ella. Me paro en el arcén a la derecha para recomponerme y pego un grito: ¡Ostia!.
Estoy sollozando, mis piernas y brazos temblando, apenas puedo poner pie a tierra. Sin quitarme el casco y con el corazón que me explota me giro, veo que las motos continúan indemnes y me quedo perplejo mirando la vaca. Ahora he entendido que en este país las vacas hacen realmente lo que les da la gana y absolutamente nadie les va a decir nada. Es la incógnita que los occidentales no sabemos manejar en la ecuación de la muerte. Reflexiono unos minutos con mi cabeza apoyada en el manillar, apago el motor».

La vida sigue a mi alrededor
«Escucho que la vida sigue a mi alrededor. Levanto la cabeza, la vaca sigue ahí sentada en mitad de la carretera. Entreabro la visera y me seco los lagrimones con los guantes de cuero. Esto es un antes y un después en mi vida. A partir de ahora siento que estoy en el tiempo de regalo, alguien o algo me dió otra oportunidad. Por vez primera me ví morir y lo que es peor, podría haberlo causado a otras personas. En adelante tendré mucho más cuidado. En adelante decido que todos los problemas serán situaciones a resolver, nada es tan importante que estar vivo, todo lo demás tiene solución. Además me pienso reír de todas las tontadas mentales que nos acechan en el día a día, en el trabajo, en la familia; de las interpretaciones y creencias propias y externas, de la gente con mente cerrada, de la rigidez, de la seriedad, de los celos, de las envidias y del copón bendito».
No hay nada como sentir…

«No hay nada como sentir volver a nacer. En adelante me atrevo con todo, seguiré dando la vuelta al mundo en moto, porque necesito interpretar el por qué estoy en este planeta y qué puedo aportar de positivo, qué legado ofrecer. Estoy convencido de que el camino me brindará dulces posibilidades que aprovecharé para conectar con cientos de personas que vale la pena conocer, seres de luz que me harán brillar a su lado y me contagiarán de su maravillosa humanidad; lo haré por etapas, en solitario y sonriendo sin parar, incluso escribiré un libro, aunque no sepa muy bien cómo hacerlo, ya aprenderé».





















